Lesiones en el deporte: la importancia del trabajo mental

Sep 20, 2025 | Salud mental en el deporte | 0 Comentarios

Lesiones en el deporte: mi historia y la importancia del trabajo mental

Las lesiones son una de las realidades más difíciles en el deporte. Más allá del dolor físico, pueden llegar a remover nuestros cimientos emocionales, cuestionar nuestra identidad como deportistas y poner a prueba nuestra fortaleza mental. Hoy quiero compartir mi experiencia personal, porque sé que muchos atletas, profesionales o amateurs, se pueden sentir reflejados en este camino.

Mi primera gran lesión: el inicio de un aprendizaje inesperado

Llevo jugando al fútbol durante toda mi vida, pero no fue hasta mi primer año de universidad en Estados Unidos, gracias a una beca deportiva, que sufrí mi primera gran lesión: rotura de ligamento cruzado anterior (LCA) y menisco en la rodilla izquierda.

Me mantuvo fuera de los campos casi un año entero. Recuerdo claramente la presión que sentía, ya que mi beca dependía de mi rendimiento deportivo. El miedo a no recuperarme a tiempo y perder la oportunidad académica y deportiva era mi principal enemigo.

Sin embargo, ese tiempo lejos de la competición me enseñó algo que cambiaría mi manera de vivir el deporte: la importancia del trabajo mental y la persistencia por conseguir mis objetivos.

Al principio no era titular, no estaba en mi mejor nivel físico ni técnico, pero gracias a la disciplina mental pude reconstruirme. Aprendí a manejar la frustración, a cultivar la paciencia y a enfocarme en cada pequeño progreso. Trabajar la confianza, la motivación y la resiliencia me ayudó no solo a volver a competir, sino a mejorar mi rendimiento de una forma más completa.

Mi segunda lesión: un reto aún más grande

Dos años después, cuando sentía que había recuperado mi nivel, sufrí otra rotura del LCA. Esta vez en la otra rodilla. Ocurrió al final de mi último año universitario, justo cuando soñaba con despedirme en el campo de la mejor manera, y a un paso de competir por conseguir el campeonato nacional de Estados Unidos. Esta segunda lesión fue emocionalmente mucho más dura.

El miedo, la tristeza y la sensación de no poder cerrar esa etapa como esperaba me golpearon con fuerza.
Pero aquí encontré un nuevo camino. La psicología deportiva, que ya había descubierto en mi primera lesión, se convirtió en una verdadera pasión. Tanto que decidí profundizar y estudiar un máster en coaching y psicología deportiva.

Más allá de las expectativas

Con esfuerzo, pude recuperarme una vez más. Y lo curioso es que uno de mis mayores miedos —que después de dos lesiones graves no podría alcanzar mis expectativas deportivas— se transformó en una grata sorpresa. Sin buscarlo, recibí varias ofertas para jugar a un nivel incluso mejor del que había imaginado y llegué a firmar con una agencia internacional de representación.

Decidí no prolongar esa etapa porque mi vocación como psicóloga empezó a pesar más que mis objetivos deportivos, pero esa experiencia me dejó una lección valiosísima:

Mi valor no depende de los trofeos o reconocimientos, sino de lo que soy capaz de superar y la persona en la que me convierto. No son los trofeos los que marcan mi valía, sino la capacidad de superar las pruebas y crecer como persona en cada paso del camino.

Lo que aprendí y quiero transmitir

Hoy, como psicóloga deportiva, puedo decir que mis lesiones me enseñaron más de lo que me quitaron. Me mostraron que:

  • El trabajo mental es tan importante como el físico: confianza, motivación, manejo de la frustración y resiliencia son habilidades entrenables.
  • Una lesión no tiene por qué marcar el final de un camino, sino que puede abrir puertas hacia nuevas oportunidades.
  •  Nuestra valía no está en los resultados, sino en la capacidad de levantarnos una y otra vez ante cualquier tipo de obstáculo.

Y algo aún más importante: detrás del deportista siempre hay una persona. Una persona con miedos, sueños, dudas y anhelos que van más allá del marcador, los trofeos o las estadísticas. El deporte es una parte de nuestra vida, pero no lo es todo.

Somos hijos, amigos, estudiantes, profesionales… y lo que nos define realmente no es si ganamos o perdemos
Si estás pasando por una lesión, recuerda que no estás solo. La recuperación es un proceso físico, sí, pero también emocional y mental. Y trabajar esas tres dimensiones puede convertirse en tu mayor fortaleza.

Porque al final, el mayor triunfo no está únicamente en volver a competir, sino en redescubrirte como persona y salir más fuerte de la experiencia.

Alba Lorca Chaves
Psicología para deportistas